lunes, 30 de junio de 2008
Pronunciamiento
En el concierto de naciones, la memoria organizada de la Historia reserva al Perú un lugar priviligiado.
Ya es tiempo que nuestro país vuelva a ser una proyección positiva de la vida. Una visión y una dimensión humana en la construcción racional de su destino.
Pongamos un termino a nuestra trayectoria republicana marcada por el caudillismo militar, por el civilismo retrogrado y corrupto. Y, lo que es peor, por las mafias erigidas en sistema de poder.
Es posible construir un Perú Nuevo. Un país sólido, moderno y próspero. Una nación solidaria, dinámica. Un estado de derecho basado sobre la transparencia en la gestión de la cosa pública, sobre la separación y la independencia de los poderes.
Restablezcamos la confianza pública siendo el origen de la estabilidad socio-política y de la pujanza económica. El respeto del espíritu de la Ley debe garantizar la coexistencia mancomunada de la diversidad de nuestra identidad nacional.
Nuestra República democrática y social según nuestra Carta Magna del 12 de julio del 1979 y de nuestro histórico Acuerdo de Gobernabilidad de noviembre del 1999, debe ser la síntesis y la simbiosis del Perú milenario con sus profundos valores del Incanato y del Perú moderno con el aporte del progreso técnico y científico.
Volvamos a tomar el camino de la Conciencia, de la Historia y de la Política para que nuestro proyecto se convierte en una realidad concreta y presente.
Tenemos una cita impostergable con la Historia, quien nos ha legado la misión de constituir e instituir la Confederación Bolivariana. Para ello, necesitamos un Perú fuerte y visionario para poder crear junto a Méjico, Venezuela y Argentina, principalmente, el espacio geo-político correspondiente a la América Latina.
Reproduzcamos lo sucedido. Un modelo de sociedad estructurado y organizado a un tal nivel de desarrollo donde las imperfecciones y las imprevisiones eran integrados en un proceso de anticipación. El mundo nos admira por lo que fuimos. Sorprendámoslo con otro acto fundador de Reconquista de nuestro glorioso pasado, el cual debe proyectarse en un devenir que se construye día a día, con las fuerzas reales de tales cuales somos.
Construyamos una democracia sana, robusta y durable. Sin caer en la apócrifa meritocracia engendradora del gobierno de los "cínicos refinados" La democracia debe funcionar según los principios básicos del arte de gobernar lo necesariamente necesario.
Es posible construir nuestra Casa Perú sobre los cimientos del realismo político, del pragmatismo económico, del dinamismo social y del idealismo moral.
El éxito depende de nuestra facultad a coordinar y optimizar estos parámetros fundamentales del quehacer público. Lo que se puede hacer, debe hacerse por el bienestar de todos los peruanos y no de unos cuantos que no son otra cosa que los causantes directos del estancamiento y del atrazo.
En política como en la vida diaria, no existen formulas mágicas. Nunca se hace lo que se desea, pero si se puede instaurar, a pesar de las exigencias y contrariedades del mundo real, un equilibrio permanentemente frágil e inestable. Para ello, hay que componer con lo que se dispone.
Solo la Razón y el Derecho pueden ayudarnos a evitar la perversión, la descomposición y la desaparición de los más nobles pensamientos y de la acción de sus autores, traducidos en hechos y logros obtenidos por una voluntad tajantemente humanista.
Fundemos la potencialidad individual al servicio de la utilidad social.
Nuestra grandeza reaparecerá cuando el colectivismo andino se harmonise con la iniciativa citadina. En esta reciprocidad y complementaridad de energías, una ley de retorno debe facilitar el regreso de los peruanos exitosos residiendo en el extranjero, concientes del valor de sus contribuciones enriquecidas por los conocimientos y las experiencias comparativas.
Apliquemos una metodología de explicación adecuada y apropiada a nuestra realidad.
Cultivemos la capacidad de escucha del otro y de la búsqueda de consensos. los problemas están hechos para ser resueltos. Jerarquicemos las necesidades y las prioridades. Démonos objetivos claros, precisos. Alcancemos metas trazadas. Para ello, debemos, ante todo, derrotar en el campo de la negociación concertada, del diálogo inteligente, todos aquellos que se oponen a las fuerzas del progreso.
Hagamos patria haciendo obra. Consolidemos y fortalezcamos la democracia participando , activa y directamente, en el uso del sufragio universal. Apoyando o sancionando la responsabilidad moral y competente de los dirigentes políticos ocupando un cargo y una función revocable y transitoria.
Hoy más que nunca, a pesar de las amargas y repetidas decepciones, frustraciones y fracasos, el Perú profundo necesita la participación de todos sus ciudadanos de buena voluntad. Los errores del pasado deben enseñarnos la prudencia, la moderación, la tolerancia y la vigilancia. El error es humano pero cobarde es el no asumir sus consecuencias. Se aprende de los fracasos para transformarlos en éxitos. El perdón enaltece y engrandece cuando no se le toma como muestra de debilidad. Sin perdón para los que lo merecen, no hay reconciliación que predispone a la Concordia Nacional. Sin unión es imposible las fuerzas vivas para impulsar y desarrollar una vida democrática estable y durable fundada sobre la libertad, la justicia social y la paz si necesarias al bienestar general.
La ausencia de un verdadero Proyecto Nacional da rienda suelta a los aventureros políticos que se auto proclaman como "Hombres providenciales" o como los supuestos "Salvadores de la Nación"
En la persuasión del Derecho, la fuerza tranquila de la Ley debe imponerse a todos por igual. Nadie debe estar por encima de ella.
Peruanicemos aún más nuestro orgullo de haber nacido en esta hermosa tierra del sol.
Merope/Paris.
Escrito entre dos milenios.
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